Los inquilinos de este inmueble suelen salir despavoridos ante los extraños sucesos que ocurren, especialmente por las noches.

Fantasmas de Toluca: Edificio embrujado tras la muerte de un niño

El corazón del Estado de México es Toluca y la zona centro de esta ciudad alberga decenas de viejos edificios que actualmente sobreviven entre la modernidad urbana y todavía ofrecen sus departamentos a precios razonables para poder habitarlos.

En la calle de Lerdo destaca desde hace años un edificio con un letrero ya carcomido por los rayos del sol, en éste puede verse la frase: “se renta”.

La peculiaridad de este lugar es que sus inquilinos no logran hacer antigüedad, ya que al parecer ocurren extraños sucesos a todas horas.

La leyenda dice que hace muchos años una familia rentó uno de los departamentos, sin embargo, la tragedia los acechaba pues un día el padre salió a trabajar y la madre subió a la azotea para lavar ropa, sólo que esta vez acudió con su pequeño hijo, quien aprovechó el amplio espacio para jugar.

Mientras la mujer realizaba sus quehaceres domésticos el menor subió la barda que se levantaba entre tabiques con figuras decorativas, mismas que le sirvieron de escalón para sus juegos, pero lamentablemente resbaló y no sobrevivió a la caída.

Desde entonces aquel edificio se impregnó de sombrías historias sobre apariciones y ruidos escalofriantes que se intensificaban conforme llegaba la noche, pese a que llegaron personas escépticas a lo sobrenatural la estadía de aquellos incrédulos era corta y se marchaban sin siquiera pedir el reembolso del depósito.

Una de esas historias fue la de un ingeniero que aseguró no creer en fantasmas, pues lo único que buscaba era un lugar para descansar de las pesadas jornadas laborales que llevaba.

Todo marchaba con normalidad hasta que una noche -ya a punto de dormir- escuchó ruidos en la estancia del departamento como si alguien jugara con una pelota y acudió a revisar qué pasaba, aunque no encontró nada.

Se dirigió a su habitación y desde ella pudo escuchar que tocaban las puertas, por lo que lanzó una pregunta al aire: “¿Quién es?”; nadie respondió.

Con miedo se obligó a dormir -inocentemente pensó que no pasaría nada más- cuando se despertó en medio de la madrugada y al voltear a la puerta del cuarto logró ver una sombra pequeña, inmóvil.

El hombre le preguntó: “¿Qué quieres?” y aquella entidad se limitó a responder: “Jugar contigo”. En ese momento el ingeniero abandonó el inmueble y pasó el resto de la noche en la calle, esperando que el sol saliera para entrar por sus cosas y sumarse a la lista de inquilinos que abandonaban intempestivamente el sitio.

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