Durante décadas la avenida Lerdo fue uno de los ejes comerciales más importantes del centro de Toluca; hoy, el recorrido cuenta otra historia.
A lo largo de varias cuadras de la zona oriente de esta avenida, las cortinas abajo, los grafitis y los letreros de “Se renta” se repiten en una vialidad donde el flujo peatonal ya no corresponde al de otros tiempos y donde el comercio sobrevive a distintos ritmos.
En el primer cuadro de Toluca, esta avenida formó parte de una red de intercambio económico que articulaba el abasto de la ciudad y de comunidades cercanas.
Registros del Archivo Histórico del Estado de México dan cuenta de que el centro concentró durante buena parte del siglo XX la actividad comercial regional, con mercados, tianguis y negocios familiares que sostenían la dinámica cotidiana.
Ese dinamismo; sin embargo, se transformó con el paso del tiempo.
En medio de ese entorno, algunos comercios aún permanecen abiertos. Uno de ellos es la miscelánea La Esmeralda, un negocio familiar que abrió en 1940 y que, a pesar de los cambios en la ciudad y en el consumo, continúa operando sobre avenida Lerdo.
Desde su interior, la vista hacia la calle revela un corredor distinto al que conocieron generaciones anteriores. Donde antes había una oferta continua de productos y servicios, hoy hay tramos con locales vacíos y fachadas deterioradas.
“Este negocio abrió en 1940 y ha resistido, pero el comercio ya está absorbido por las grandes empresas; antes aquí se abastecía no solo Toluca, sino comunidades cercanas, ahora la gente prefiere los supermercados y las plazas comerciales”, relató el propietario, quien prefirió omitir su nombre por cuestiones de seguridad.
A unos metros, otros locales permanecen cerrados o han cambiado de giro. Comerciantes de la zona, quienes pidieron omitir su identidad por razones de seguridad, coinciden en que la actividad se ha reducido y que el entorno ha cambiado de forma visible en las últimas décadas.
La permanencia de estos negocios ocurre en condiciones distintas a las de hace 20 o 30 años, cuando el centro concentraba buena parte del consumo diario.
La transformación del corredor comercial se explica, en parte, por cambios estructurales en la forma en que las personas compran. De acuerdo con los Censos Económicos 2019 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las tiendas de autoservicio y departamentales concentran más de 20% de los ingresos del comercio al por menor en México, pese a representar una menor proporción de establecimientos.
En contraste, más de 95% de los negocios en el país son micro y pequeñas unidades económicas, como las misceláneas y comercios tradicionales que predominan en el centro.
A ello se suma el cambio en los hábitos de consumo. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEGI ha documentado un incremento en el gasto en alimentos preparados y servicios, lo que refleja una menor dependencia del abasto tradicional.
“El cambio empezó con la llegada de los centros comerciales, desde los años 90 el comercio en Toluca se fue reduciendo”, explicó el propietario de La Esmeralda.
En ese mismo sentido, los productos que antes formaban parte del consumo cotidiano han perdido presencia frente a opciones listas para consumirse o disponibles en cadenas comerciales.
Sobre avenida Lerdo, los giros comerciales que aún permanecen responden a lógicas distintas. Misceláneas, panaderías, imprentas, negocios de comida y pequeños negocios de ropa operan en un entorno donde la competencia ya no es solo entre locales cercanos, sino frente a cadenas de autoservicio y tiendas de conveniencia que concentran servicios en un solo espacio.
En el caso de las misceláneas, la diferencia no solo está en los precios o en la variedad de productos, sino en las condiciones de operación.
Mientras las grandes cadenas permiten pagos con tarjeta, transferencias o aplicaciones móviles, muchos de los comercios tradicionales dependen del efectivo.
“Ahora la gente quiere pagar con tarjeta, pero aquí no se puede porque el negocio es muy pequeño y no sabemos cómo funciona ese sistema”, explicó el propietario.
Esta brecha en las formas de pago se suma a otros factores que influyen en la decisión de compra, como la posibilidad de acceder a promociones, realizar compras más grandes en un solo sitio o resolver el consumo diario sin desplazamientos largos.
En contraste, los comercios tradicionales dependen en mayor medida de compras inmediatas o de última hora, lo que reduce su margen frente a un mercado cada vez más concentrado.
“El ritmo de vida cambió, ahora la gente llega de trabajar y busca algo rápido, ya no compra como antes para preparar en casa”, agregó.
El crecimiento de la ciudad también modificó la dinámica del centro. Durante las últimas décadas, la mancha urbana del Valle de Toluca se expandió hacia municipios como Metepec y Zinacantepec, donde se instalaron nuevos desarrollos habitacionales, plazas comerciales y servicios.
Esta expansión acercó la oferta comercial a las zonas de residencia, lo que redujo la necesidad de trasladarse al primer cuadro para realizar compras.
De acuerdo con datos del INEGI, este proceso ha implicado una redistribución de la actividad económica dentro de las ciudades, en la que los centros tradicionales pierden centralidad frente a nuevos polos de consumo.
En avenida Lerdo, este fenómeno se traduce en menor afluencia y en la reconfiguración del tipo de comercio que permanece.
A la par de estos cambios, la vialidad enfrenta condiciones que también influyen en la actividad económica. El tránsito constante de transporte público, la falta de espacios de estacionamiento y la saturación vehicular dificultan el acceso para clientes potenciales.
A ello se suman cierres recurrentes por manifestaciones o bloqueos, que afectan la circulación y reducen la llegada de personas al centro.
“Las ventas han disminuido bastante, la gente ya no viene porque es complicado llegar al centro y ahora todo lo encuentran en sus colonias”, señaló el comerciante.
En ese contexto, algunos locatarios refieren que el corredor ha quedado en el olvido, con menor mantenimiento urbano y mayor deterioro en la imagen de la zona.
A pesar de la disminución en la actividad comercial, avenida Lerdo no ha desaparecido como espacio económico. Algunos negocios abren, se adaptan a nuevas condiciones y a una clientela más limitada.
La Esmeralda es uno de esos casos. Con más de ocho décadas de historia, el negocio permanece abierto, sostenido por una lógica distinta a la que lo vio nacer.
“Las ventas han disminuido bastante, pero aquí seguimos”, dijo el propietario.
Entre locales vacíos y comercios que resisten, la avenida conserva rastros de su pasado como eje comercial del centro de Toluca, aunque su papel dentro de la ciudad se ha transformado con el crecimiento urbano, los cambios en el consumo y la reconfiguración de la vida cotidiana.







