Como si algo le faltara a la guerra en Medio Oriente, ahora Donald Trump salió con una nueva puntada: cambiarle el nombre al Estrecho de Ormuz por “Estrecho de Trump”.
La ocurrencia apareció en su red Truth Social, acompañada de una imagen con el nuevo nombre. Algunos lo tomaron como provocación, otros como señal política. Lo cierto es que la propuesta no llega sola. Se presenta en medio de la presión que mantiene Washington sobre Irán, con bloqueos navales y negociaciones detenidas por el programa nuclear.
Y es que el estrecho no es cualquier paso: conecta el Golfo de Omán con el Golfo Pérsico y por ahí circula cerca del 20% del petróleo mundial.
En palabras llanas: si algo se mueve ahí, se mueve el precio de la gasolina en medio planeta. Cambiarle el nombre no altera el flujo de barcos, pero sí vuelve más incómoda la situación donde tensión es lo que sobra.
Y las declaraciones del mandatario no ayudaron a bajar el tono.
El riesgo de una escalada sigue presente. Y aunque el cambio de nombre no esté en ninguna agenda oficial internacional, no hay que echarle más leña al fuego, algo que al mandatario parece gustarle más que la diplomacia.







